Francesca escribió:Y sí, me voy a seguir depilando las piernas y saliendo a la calle con peluca ( o parcial cuando me crezca el pelo o no sé qué inventaré para tapármela ) porque no estoy yo para reivindicaciones en este momento de mi vida, y porque lo único que quiero es vivir medianamente tranquila dentro del caos capilar y el impacto psicológico que ha supuesto para mí toda esta mierda.
Y fin del debate. Si ya lo decía yo, podríamos estar aquí toda una eternidad debatiendo el sexismo de la alopecia para nada, porque no quieres ser calva. Y en tu derecho estás.
¿Ostracismo? He de decir que cuando el término existe es porque hay una realidad que necesita ser nombrada. Pero no creo que en nuestra sociedad vaya a suceder nada de eso. A nadie lo van a expulsar a un gueto y a despojarlo de sus derechos civiles por ser calvo. Respecto a la alopecia femenina lo que sucederá, en todo caso, es mayor crueldad, pero para eso hay que fortalecer las defensas personales y aprender a dar la debida respuesta a cada situación.
Al final, como le sucede a Francesca, es que toda esa negatividad que se desprende de la gente malvada con la que se cruza (que no sociedad, que somos muchos), se une a su sentimiento de no verse bien, con lo que el resultado es un cóctel molotov del cabello. Y la ultimisima opción, ir de calva reivindicadora. Ya lo sabía yo...
Como las experiencias hacen la vida, yo sigo fiel a mi pensamiento de que toda esa negatividad expresada en palabras crueles, insultantes o humillantes, viene dada de la poca educación de la gente y de una cultura hacia el otro muy cateta, nada solidaria y plenamente individual. Si fuera posible, yo castigaria a todos los imbéciles con los que me he cruzado en mi vida a pasar temporadas en otros países donde sus culturas hacia el otro son radicalmente distintas, fundamentadas en el respeto y la solidaridad.
Hace cuatro años viví la gran experiencia de visitar Japón durante un mes. Y esa idea del Tokio friki que nos pretenden vender en televisión machaconamente es una falacia. Es cierto que hay grupos de gente joven sobretodo a los que les gusta ir de forma llamativa, surrealista o estrafalaria si me apuras. Pero en su sociedad no hay ningún frikismo en eso, porque el respeto hacia la persona es tal, que cualquier cosa de tu realidad será tolerada y aceptada sin ápice de duda o reserva. Ser calvo en Japón está considerado uno de los peores males que pueden atacar a la estética de la persona, y de hecho hay muchas tiendas de pelucas y "prótesis" exhibiendo sus productos en los escaparates con absoluta normalidad. Y yo me recorrí Japón de punta a punta y no noté ni una mirada, ni una sola actitud de rechazo o acusación. Estuve atento y vi más calvos, pero todos extranjeros. Y desde el primer día me sentí más respetado y a gusto que en España, donde tengo mi supuesto hogar.
Y al igual que con mi calva, vi total aceptación con los travestidos o los rockeros. Nadie se giraba para verlos ni hacían comentarios cuando salían de un restaurante como cualquier otro cliente, que es lo que son. En oriente nos dan un verdadero repaso en respeto y tolerancia.
En la otra cara de la moneda, y como segunda estancia, mandaría a los intransigentes de aquí a los puntos calientes de Estados Unidos, donde la inmigración ilegal, la droga y la pobreza hacen de las ciudades una olla a presión que, en no pocas ocasiones, acaba en tiroteos y muertes por racismo. Y allí he podido vivir en situ que el respeto a la propia persona se reclama y se impone de manera un tanto violenta. Allí el otro importa dos pepinos, prevalece el yo y mi persona, porque si no haces eso te comen vivo en el minuto dos. Y si te quedas mirando más de dos segundos a alguien, te preguntaráncon rotundidad si tienen monos en la cara o si tienes algún problema. Y si hay algún roce, es frecuente que la cosa se aclare con los puños. Asistí a no pocas peleas, en la calle, en tiendas de comestibles y hasta dentro de los autobuses . Y todas por un supuesto allanamiento del respeto hacia el otro.
Aquí en España no hacemos ni lo uno ni lo otro. Somos bobos. Nos faltan al respeto por ser calvos y no sabemos reaccionar en la mayoría de los casos. Agachamos las orejas y nos vamos dolidos para casa a lamernos las heridas. No he visto nunca un calvo pararle los pies a nadie por el hecho de llamarle calvo con impunidad. Como si fuéramos por la calle llamando a la gente por su apariencia y sus defectos.
España es cateta e ignorante a ese respecto. En los informativos deportivos se suele hacer mención y crítica a los peinados de los futbolistas de primera división. ¿Y quién es el lumbreras que se atreve a cuestionar a nadie? Lo siento, pero nunca lo entenderé. No sé de dónde surge esa libertad de opinión tan impune hacia los demás. Y, como siempre, con la esperanza de que su comentario de mierda te parezca constructivo. Yo lo he descubierto tarde, pero me vale: ojito con lo que se dice porque a lo mejor ofende.
Y muy interesante todas esas apreciaciones y descripciones de Francesca sobre la evolución, asunción y vivencia de su calvicie. Me he visto retratado en todas ellas. Me he recordado a mí mismo vigilando mi calvicie y preguntándome cuándo demonios iba a detenerse la caída. Y también yendo a un baño con discreción a ver si todo seguía correctamente pegado en su sitio. ¿Dices que el 70% salen corriendo? Eso es que no sabes cómo se comporta una mujer ante una "prótesis" masculina. Porque antes de salir corriendo les gusta hacer algún comentario para demostrar que estás equivocado. Ejemplos tengo a espuertas: una me preguntó que por qué me disfrazaba; otra me dijo que si era calvo tenía que ir calvo para que la gente lo supiera; otra me dijo que no asumirse calvo es señal de tener un problema mental; otra me dijo que me quedaba bien pero que no quería tener hijos calvos; y una me dijo que lo que a ella le ponían eran las melenas... pero natural, eh Torrente? Tengo para escribir un libro de hijoputismo. Y otro para las caras que ponen cuando les dices que te han ofendido y que más les valía preocuparse por su aliento hediondo.
Gente, sociedad, normas, respeto, educación, cultura... son términos que no se deben confundir.