Muy para mí infortunio, me toco pasar por esto a los fines de mi adolescencia debido a mi herencia genética (calvicie en ambos lados de la familia). En este tiempo me encontraba totalmente perdido y sin la información necesaria para tratar mi AGA. Según pasaron los años, avanzo mi condición y para el comienzo de la pandemia me resigne. Dije “hasta acá llegué, fue bueno mientras duró” y decidí raparme. Para mi sorpresa, me gustaba mi nuevo aspecto y resolví seguir adelante. Para que tengan contexto, siempre me gusto llevar el pelo largo (a la altura de los hombros) y en el 2020 me encontraba siendo un Norwood 2/3 (para quienes están familiarizados con la escala Norwood Hamilton).
Con el transcurso de la cuarentena y teniendo mucho tiempo libre más allá de la facultad, empecé a investigar sobre cómo hacer frente a la situación en la que me encontraba, porque por más que me encontrará a gusto con mi aspecto, en mi opinión todavía tenía bastante cabello como para tirar la toalla. Es así como descubrí que existían dos fármacos, Finasteride y Minoxidil. Aquí cometí mi primer (y quizás más fatal) error, que consistió en hacer caso a los comentarios negativos sobre el Finasteride, los cuales iban desde depresión, pérdida de libido, disfunción eréctil y, por más gracioso que suene, pérdida de sensibilidad anal. Al leer este tipo de anécdotas, decidí no usar Finasteride.
Es así que, colmado de esperanza por este descubrimiento, saqué un turno con una dermatóloga y me recetó Finasteride y Minoxidil. Convencido de la veracidad del síndrome post-finasteride, le dije que no quería consumir ese fármaco y solamente opté por usar Minoxidil (en formato líquido). Reitero, un gran error de mi parte.
Y así fue que comencé mi tratamiento para la AGA. Pasó un año aproximadamente y no observé ningún cambio positivo, por lo cual discontinué el tratamiento. Al no ver crecimiento nuevo ni engrosamiento y, al estar más informado sobre la efectividad y seguridad del Finasteride y la importancia de estabilizar la alopecia, volví a la dermatóloga para que me receté dicho fármaco y comencé a usarlo.
Ya entrado el año 2022, y con mi AGA estabilizada, quise darle otra oportunidad al Minoxidil, pero esta vez en formato espuma, debido a que la versión líquida dejaba el cabello muy grasoso y con un residuo algo desagradable. Y así anduve por otro año más, sin ver cambios negativos, pero tampoco grandes cambios positivos. Es en el invierno de ese año donde descubro este foro y leo el post de Fernando donde relata su experiencia en Capilea. Aquí se abría otra posibilidad para mí. Hasta ese entonces, el implante capilar me parecía una idea lejana, más que nada por el costo. Pero al ver los valores nacionales, decidí que no era imposible. Imposible en comparación de los honorarios de los top españoles, donde 1 graft equivale a 4 o 5 euros (más el pasaje, alojamiento y gastos necesarios en un viaje). Al leer experiencias mixtas sobre las operaciones nacionales, muchas de ellas observando la falta de densidad (Capilea y Chueco), falta de transparencia (Hair Recovery y demás franquicias) y falta de interés en hacer buenos trabajos e inclusive no poner UF que ya fueron pactadas (Chueco, de acuerdo a experiencias de algunos pacientes), resolví que Argentina quizá no era el mejor lugar para este tipo de operaciones, por lo que continué el tratamiento por mi cuenta.
A fines del año 2023, harto de no tener éxito con el Minoxidil, fuí a Capilea Caballito para ver si lo podía empezar a tomar en forma oral para ver si podía mejorar mí estado. Fue acá donde también quisieron venderme la mesoterapia, tratamiento del que ya estaba al tanto y veía con escepticismo por obvias razones. Entonces quede con Finasteride 1mg y Minoxidl oral 2mg. El haber concurrido a esa clínica fue mi segundo gran error. Como dato de color, volví a dejarme el pelo largo, y viendo en retrospectiva, no estaba tan mal como para tomar esta decisión (la de implantarme). Tenía algo de entradas y clareaba un poco la coronilla (era esta la zona que quería mejorar, ya que todos sabemos que es prácticamente imposible recuperar pelo en las entradas sólo con medicación). Pasó un mes y quise ir con todo, y en mi siguiente visita a Capilea Caballito accedí a empezar con la mesoterapia (Finasteride, Minoxidil, Pantenol y Biotina), aunque yo quería la mesoterapia con Dutasteride debido a que hay estudios hechos y demuestran algo de efectividad.
Fue acá donde todo empezó a empeorar. Comencé a perder mucha densidad, a día de hoy no sé si fue por abandonar el Minoxidil espuma, por el oral o por la combinación de todos los tratamientos que empecé a hacer. Todos (o casi todos) sabemos que el shedding es normal y que con el tiempo se resuelve, pero, pasaban los meses y la situación empeoraba en vez de mejorar. Espere 6 meses, tiempo que considero apropiado para ver si un tratamiento responde o al menos muestre alguna señal de mejoría, y como no hubo una mejora, me decidí por el implante.
En ese momento tenía que elegir a dónde ir. En este foro parece haber un consenso general sobre cuáles son las únicas alternativas a la hora de implantarse en Argentina (consenso que ahora considero erróneo). Estas son Chueco o Szyferman. Paso a enumerar las razones por las que descarté a ambos.
Chueco: mala densidad, poca supervivencia y demasiadas acusaciones sobre no poner folículos que se pactaron de antemano (ej: un paciente pacto en 2500 UF y la sensación del paciente fue que no se implantó esa cantidad). Si bien estas acusaciones pueden ser algo anecdótico, en mi opinión llama la atención que muchas personas lo acusen de lo mismo. También hay un usuario que se operó dos veces con él y su donante no está en buenas condiciones y se parece a la mía (le implantaron 3000 UF aproximadente), pueden buscarlo en el foro.
Szyferman: mala densidad (como el usuario Fernando y demás usuarios describieron en sus posts), destaco la experiencia del usuario Escafandro (creo que se llamaba así) donde tanto los resultados como la actitud del médico dejaron mucho que desear; el hecho de que cobre más que otros de sus colegas, lo cual no me parece mal desde una perspectiva ética, sino que no estoy de acuerdo en pagar más por resultados flojos. Sumado a todo esto, la actitud de no hacerse cargo de sus limitaciones, como relatan los usuarios mencionados, me llevaron a descartarlo.
De nada sirve pensar qué hubiera pasado si me hubiese intervenido con alguno de ellos.
En el medio de todo esto, llega a mi conocimiento el doctor Mariano Calero, quien, si bien tiene solo 2 posts en este foro, me llamaron la atención sus resultados. Además de estas experiencias, ví su canal de Youtube donde se pueden observar algunos de sus resultados. No contento con esto, mediante un minucioso análisis por Instagram, pude encontrar pacientes que se habían operado con él y tenían buenos resultados (no sólo los que están publicados en su perfil, sino otras personas que le comentaban o lo siguen y que efectivamente habían sido operados por él). Por lo cual, pedí una cita con él a mitad de este año resuelto a operarme. Pero, como dije anteriormente, mi condición no se encontraba estable. Operarme bajo estas condiciones no es lo ideal. En la consulta, le hice un montón de preguntas, entre ellas, si soy buen candidato, si tengo buena donante, le pregunté y me mostró casos similares, etc. Pregunté por el precio y me cotizó 2000 usd. Le dije que quería esperar a que se estabilizará mi AGA y que no quería continuar con las mesoterapias ni con el Minoxidil oral. Si seguí siendo constante con el Finasteride.
Por suerte, la alopecia no avanzó, pero no recuperé la densidad que perdí en el shedding. Pasaron 6 meses y volví a contactarme para reservar una fecha para operarme y para tener una nueva consulta con el doctor para evacuar dudas antes de la intervención. Llegó el día de la operación, y como un cordero que entra al matadero sin saberlo, fui ingenuamente al centro. El diseño lo hizo el doctor y me gustó bastante. No era mi objetivo bajar la línea frontal y se optó por un diseño conservador que creo que es apropiado. Además, puso UFs en el midscalp y en la coronilla. Las extracciones las hizo él y su ayudante Fátima. Luego pasaron a la etapa de implantación donde implantó tanto él como la ayudante mencionada. Después el doctor se retiró y lo reemplazo otra ayudante. La operación duró 9 horas, dentro de las cuales el doctor volvía, daba unas direcciones a las ayudantes, se iba, y en la última etapa se quedó él operando con otros ayudantes. No recuerdo si operaron con acero quirúrgico o con Zafiro, pero recuerdo que el doctor les pedía a sus ayudantes “pasame el zafiro de x medida”. Todavía no lo pregunté.
Durante toda la operación, como en las consultas anteriores, tuve una buena atención por parte del doctor, pero, esto no es un concurso de popularidad, uno va a operarse para obtener resultados y mejorar. Ya en casa, comienzo el período de recuperación. Estuve tres semanas adentro, con excepción a las salidas para los controles, siguiendo al pie de la letra las instrucciones y sin hacer esfuerzo físico. A los 3 días de la operación fui al primer control, donde el doctor me aseguró que todo marchaba bien. En el día 14 me tocaba el segundo control y también dijo que todo estaba bien. Me preguntó cómo quería seguir con el tratamiento. Le respondí que no quería hacer mesoterapias ni Minoxidil en ningún formato debido a mi nula respuesta. Me informó sobre el PRP, diciendo que en un contexto post-operatorio puede llegar a ayudar y le dije que lo iba a pensar. Por mi cuenta busque estudios y, si bien parece haber un consenso sobre la efectividad del tratamiento, la realidad es que los estudios son demasiado chicos (pocos sujetos involucrados) y es necesaria más investigación para sacar mejores conclusiones (esto mismo lo dice en uno de los estudios). Sumado al costo del tratamiento. Mientras estaba sentado en el control escuché como a alguien le cobraban alrededor de $70.000 la sesión y, además, el pesar que me significa pagarles a ellos teniendo en cuenta el estado en que me dejaron, no creo que haga PRP. Esta es otra tendencia que ví en Capilea. Si comparamos las experiencias o los datos que podemos obtener de cirujanos como Lorenzo, Couto o Vila, ellos hacen mucho hincapié en el tratamiento oral, poco caso le hacen al PRP o a la mesoterapia. Además, sumado al aspecto comercial de Capilea, ese lema estúpido de “te pondremos la cantidad que necesites”, que, primero, ese lema lo tienen muchas clínicas turcas low-cost, no lo inventaron ellos; segundo, deja ver que no tienen una estrategia de cómo abordar el caso en concreto y muestra que es el tipo de clínica que está más interesada en sacarte dinero que darte un buen resultado. No analizan la donante, la zona receptora ni sacan un estimativo de cuánto te van a implantar, como si hacen, por ejemplo, Lorenzo, Vila y demás doctores de renombre.
A la noche del día 14, al ver que las costras no se caían, las fui aflojando con mucha paciencia con agua tibia y shampoo (el de la clínica). Una vez removidas todas las costras, no podía creer lo que veía en el espejo. La sensación de ver mi rostro enmarcado por primera vez en años y verme sin entradas fue indescriptible. Pero, esa sensación no duró ni un día, ya que a la mañana del día siguiente pensé en fotografiar la zona donante para ver su estado. Con gran preocupación, ví que mi donante presentaba las características de estar deplesionada (overharvested en inglés). Le escribo al doctor, sin decirle mi preocupación porque sé que la recuperación es larga, y le pregunto por el tiempo de recuperación de la donante, a lo que me responde 2 o 3 meses. En los casos que pude ver de acá, operados por Calero, al observar sus donantes también presentan el mismo aspecto que la mía. Obviamente, antes no tenía tan buen ojo para ver esos detalles.
Al momento de escribir estas líneas voy por el día 44 y se está cayendo el pelo implantado, pero lo que me preocupa es que hay casos en donde la donante a los pocos días ya se ve normal. No corte el pelo y todavía se nota todo el patrón de extracción. El lado derecho lo veo más castigado, que es donde extrajo la asistente y el izquierdo menos, donde extrajo Calero. En la ecuación también entra que, en mi opinión, mi donante no es la mejor y tengo el pelo fino y oscuro, lo que acrecienta el contraste, como podrán observar en las fotos que adjunto. En casos que pueden encontrar por internet, donde la donante presenta este aspecto (donde se nota claramente el patrón de extracción), la realidad es que no mejoran mucho. Si bien, al sacar fotos con buena definición, puedo ver algunos pelos que empiezan a crecer, dudo que sean suficientes para poblar el área.
En vano sería comunicarle mis inquietudes al doctor, ya que, jugando con el tiempo que conlleva un proceso como este, me va a decir que espere. Ya hay un caso donde hay un usuario que tuvo un problema en la donante en Capilea Belgrano y la clínica no se hizo cargo (publicación que, desgraciadamente, leí después de mi operación). Aclaro que esa operación no la realizo Szyferman, pero, este usuario, al tener una consulta con él sobre ese problema, le dijo que se debía a su cicatrización y que estaba todo normal. En el caso de que me ofrezcan una cirugía para intentar reparar el daño, no pienso acceder, ya que eso me condenaría finalmente, si ya no lo estoy.
Por mi parte queda esperar. Dudo mucho que me equivoque y que mi donante no esté dañada. No sé qué me deparará el futuro. Por más que cueste, tengo que ser estoico y pensar que cuando se tiene un problema, hay que tener en mente el alcance del mismo. No está en juego mi salud y, hubo momentos en mi corta vida donde no goce de salud física ni de salud mental. Hasta hace unos días, pensaba que el único “arreglo” a una donante dañada era la micropigmentación, pero, gracias al glorioso internet, supe que existen cirugías donde se reparan donantes. La única complicación es que las mismas son realizadas por los mejores, es decir, los tops que se encuentran en España. Los mejores resultados que ví son de Lorenzo y nuestra compatriota Ximena Vila. Con ésta última me contacté y me respondió por mail la coordinadora de pacientes. Me dijo que les mandé fotos y un video de mi zona donante dentro de 10 meses para ver en qué situación me encuentro, algo que juzgo completamente razonable debido a que no sé cómo se verá mi zona receptora. Con respecto a costos, cobran 1 graft x 3 euros con impuestos incluidos, pero, al ser una reparación, el costo se acrecienta. Seguiré buscando presupuestos en otras clínicas (Pinto, Lorenzo etc) para tener más opciones.
Será ese mi objetivo. No pienso dejar que esta mala experiencia me arruine o me desaliente. Sigo pensando que es posible ganar la batalla contra la AGA, y creo es una lucha que vale la pena. El único motivo por el cual escribo esta publicación es para que nadie más pase por la experiencia que pasé (y estoy pasando). En mi opinión, Argentina no es un buen lugar para hacerse este tipo de intervenciones. Hay demasiados riesgos. A cualquiera que me esté leyendo y piense en operarse en este país, le diría que no lo haga. Si son jóvenes como yo, sean constantes con el tratamiento médico, tengan paciencia y no se obsesionen si tienen entradas o no tienen el mismo frontal que tenían a los 15 años porque hay cosas peores. No vayan a clínicas como Capilea, donde los médicos son más comerciales que médicos. Les aconsejo que ahorren y se vayan a operar afuera con doctores competentes. La realidad es que desde que fui a Capilea, entre el tratamiento que ellos me dieron y esta operación, perdí más pelo del que perdí cuando hacia el tratamiento por mi cuenta. En otras palabras, estaba mucho mejor por mi cuenta, más allá de tener entradas.
Si efectivamente mi donante está deplesionada, no creo que tome acciones legales, ya que hay un antecedente en Argentina en donde una persona demandó a una clínica (creo que Alvi Armani) y obtuvo una resolución desfavorable, con todo lo que esto significa (pagar las costas del proceso), sumado a todo lo que implica iniciar un proceso judicial. Mi energía será mejor utilizada en ver hacia adelante. Como dijo el doctor Lorenzo, el tiempo pone a los profesionales en su lugar. No pienso actualizar mes a mes mi caso. Como dije antes, mi intención es alertar a la gente sobre lo que les puede pasar si van a estos lugares. Si voy a responder a todas las preguntas que tengan y puede que actualice al año, todavía no lo decidí.
Posdata: se implantaron alrededor de 2800 UF.
Posdata 2: además de la donante dañada, en la línea frontal se implantaron UFs con dos/ tres pelos.
