- Sab Abr 11, 2009 1:05 pm
#123314
Me gustaría dar algunas pinceladas sobre este tema, sin profundizar demasiado, pero tampoco siendo simplista.
De algún modo, muchos se justifican diciendo que ser feo o guapo es algo relativo a la cultura, costumbres y rasgos físicos innatos de un grupo humano.
No les falta razón en decir que la belleza no es algo objetivo, sino subjetivo. Sin embargo, hay que ver qué significa eso de subjetivo.
Subjetivo no significa que lo que a mí me parezca bello, únicamente por considerarlo yo bello, sea bello.
Por ejemplo, aporrear mi guitarra eléctrica y decir que mis canciones son bellas, no obstante, si al tocarlas en público la gente se tapa los oídos y soy el único en el mundo que las sigue encontrando bellas, sería toda una extravagancia decir que es canción es bella.
Lo bello es subjetivo en el sentido de que es el sujeto el que configura como bello un objeto, porque el objeto en sí mismo considerado no tiene propiedades categóricas que lo configuren como algo bello, sino que nuestra propia sensibilidad lo filtra y nuestra imaginación lo configura como tal.
Ser bello es un atributo que añadimos nosotros como sujetos en relación a unas proporciones paradigmáticas, pero que al establecer el paradigma cultural y socialmente de manera intersubjetiva, adquiere un carácter estable y sólido donde un individuo no tiene autoridad ni poder de decisión sobre ello.
Nociones como la de prestigio por ejemplo, jamás pueden ser compartidas por todos, pues el prestigio es una convención que se establece en función de la escasez y lo restringido de una propiedad en una cosa.
Parece entonces, que lo bello y lo bueno requiere cierto reconocimiento de los demás en relación a algún paradigma, siempre de modo gradual, pues el ideal de perfección paradigmático debe ser por definición inalcanzable. De manera que alguien puede ser más o menos bello/bueno en relación a su proximidad o lejanía del paradigma.
Por ejemplo, yo podría vivir en un pueblo aislado del mundo y ser reconocido como buen jugador de basquet por meter 9 canastas de 150 intentos, incluso podría ser reconocido como el mejor. Hasta que un buen día llegue al pueblo Shaquille O’Neal...
Debido a que la estructura social es la que nos educa y nos condiciona fuertemente, integramos en nosotros mismos los cánones de belleza establecidos hasta el punto de dudar si son convencionales o no.
La sociedad nos sanciona por apartarnos del canon (aunque lo hagamos de manera involuntaria por haber nacido así) y nosotros mismos también nos sancionamos, posiblemente por mecanismos internos como el instinto de supervivencia individual y de la especie que requiere nuestra adaptación al medio social.
Por tanto, en su origen y en sí mismo nada es objetivamente bello, sin embargo, la belleza dentro de una sociedad claramente delimitada es algo rígidamente establecido y que no podamos cambiar aunque nos opongamos a esa convención o canon con nuestro pensamiento, nosotros no elegimos lo que es bello y lo que no lo es, en ese sentido, la belleza no es relativa.
De algún modo, muchos se justifican diciendo que ser feo o guapo es algo relativo a la cultura, costumbres y rasgos físicos innatos de un grupo humano.
No les falta razón en decir que la belleza no es algo objetivo, sino subjetivo. Sin embargo, hay que ver qué significa eso de subjetivo.
Subjetivo no significa que lo que a mí me parezca bello, únicamente por considerarlo yo bello, sea bello.
Por ejemplo, aporrear mi guitarra eléctrica y decir que mis canciones son bellas, no obstante, si al tocarlas en público la gente se tapa los oídos y soy el único en el mundo que las sigue encontrando bellas, sería toda una extravagancia decir que es canción es bella.
Lo bello es subjetivo en el sentido de que es el sujeto el que configura como bello un objeto, porque el objeto en sí mismo considerado no tiene propiedades categóricas que lo configuren como algo bello, sino que nuestra propia sensibilidad lo filtra y nuestra imaginación lo configura como tal.
Ser bello es un atributo que añadimos nosotros como sujetos en relación a unas proporciones paradigmáticas, pero que al establecer el paradigma cultural y socialmente de manera intersubjetiva, adquiere un carácter estable y sólido donde un individuo no tiene autoridad ni poder de decisión sobre ello.
Nociones como la de prestigio por ejemplo, jamás pueden ser compartidas por todos, pues el prestigio es una convención que se establece en función de la escasez y lo restringido de una propiedad en una cosa.
Parece entonces, que lo bello y lo bueno requiere cierto reconocimiento de los demás en relación a algún paradigma, siempre de modo gradual, pues el ideal de perfección paradigmático debe ser por definición inalcanzable. De manera que alguien puede ser más o menos bello/bueno en relación a su proximidad o lejanía del paradigma.
Por ejemplo, yo podría vivir en un pueblo aislado del mundo y ser reconocido como buen jugador de basquet por meter 9 canastas de 150 intentos, incluso podría ser reconocido como el mejor. Hasta que un buen día llegue al pueblo Shaquille O’Neal...
Debido a que la estructura social es la que nos educa y nos condiciona fuertemente, integramos en nosotros mismos los cánones de belleza establecidos hasta el punto de dudar si son convencionales o no.
La sociedad nos sanciona por apartarnos del canon (aunque lo hagamos de manera involuntaria por haber nacido así) y nosotros mismos también nos sancionamos, posiblemente por mecanismos internos como el instinto de supervivencia individual y de la especie que requiere nuestra adaptación al medio social.
Por tanto, en su origen y en sí mismo nada es objetivamente bello, sin embargo, la belleza dentro de una sociedad claramente delimitada es algo rígidamente establecido y que no podamos cambiar aunque nos opongamos a esa convención o canon con nuestro pensamiento, nosotros no elegimos lo que es bello y lo que no lo es, en ese sentido, la belleza no es relativa.
