Querida Azul: la verdad es que esos sustos son muy desagradables pero nos hacen aprender un poco.

Tal como decís, cuando tenés (o creés tener) un problema grave, lo "poco importante" desaparece instantáneamente. Eso mismo que te pasó a vos, suele sucederme cuando veo personas que tienen -desde mi punto de vista- problemas verdaderamente graves. Al decir verdad, me siento un imbécil preocupándome por el pelito de acá o de allá cuando hay otros que tienen "temitas" mucho más graves que los míos.
Por ahí en mi historia (en mis fotos) cuento que cuando el banco nos robó la ilusión de comprar la casa (se quedó con nuestro dinero) dejé todos los tratamientos sin dudarlo. Y francamente, el pelo me importaba un bledo. Quería casarme con mi mujer y nada más. Para colmo, mi madre estuvo con un tumor maligno y el p@#o médico nos dijo que tenía unos pocos meses de vida... imaginate. El pelo? Ni el pelo del c@#o me importaba!
La maldita realidad es que así somos los (algunos) humanos. Cuando no tenemos problemas o no son tan graves, nos preocupamos por estas cosas. Cuando los tenemos dejamos de darle importancia a todo lo físico o pasa a un plano irrelevante. Luego, en el momento que estamos bien, volvemos a preocuparnos por estas cosas.
Creo que la magnitud de los problemas depende de lo que estamos viviendo en un determinado momento. No me parece mal preocuparse por el pelo, y tampoco me parece mal no preocuparse.
Pero lo bueno de esta historia es que un susto te ha hecho tomar un poco de distancia y mirar el problema (del pelo) desde otro ángulo.
Te mando un gran beso y no dejes de contarnos cuando tengas los análisis.