enterratore escribió:nuev_h escribió:lo importante es que aunque no nos demos cuenta la estética puede afectar a la vida profesional
De hecho si eres de los que el rapado no te queda bien o te hace bastante mas mayor, la prótesis es indispensable para encontrar un trabajo en el que tengas que actuar de cara al público, bien para vender/comerciar con una marca, bien para atraer a posibles clientes a un local de lo que sea...
Para los que escribís aquí y sois ya más mayores y tenéis como se dice "media vida resuelta" pues veo normal que uno se rape y punto, y más si tenéis ya mujer o novia seria. Pero para gente joven como somos muchos de los que escribimos aquí, que ni con la carrera acabada nos dan una oportunidad y donde hay que aferrarse a cualquier trabajo para "ir tirando", ir repartiendo curriculums o acudir a entrevistas "con pelazo" creerme que suma bastantes puntos. (no hace falta que me creáis porque ya lo sabéis)
Por poner un ejemplo, ¿A quién cogerían de camarero en un bar del centro de tu ciudad? ¿A un chaval de veintipocos sin pelo que aparenta 30 y tantos o un chaval con un buen tupé? Partiendo desde el mismo aspecto físico (sin contar el pelo, claro) y la misma experiencia laboral. Ya sabéis la respuesta.
Creo que tienes estereotipos muy marcados pero es normal porque debes ser muy joven. El tiempo ya te irá recolocando. Sólo es cuestión de eso, de tiempo.
CASO 1. El otro día voy a cenar a un restaurante de cierta categoría y quien me atiende es un camarero de treinta y muchos, con pelo cortito, sin tupé, algo de entradas y unas cuantas canas. El tipo súper amable y muy correcto, que al final es lo que a mí me importa, no que sea un niñato guaperas "julay" con tupé (a mí lo del tupé siempre me ha parecido ridículo). Otro camarero, su compañero, era un chaval de unos veintitantos, calvo, muy calvo, con barba frondosa pero cuidada. El tío estaba calvo (y rapado) pero se notaba que era un veinteañero, (eso se nota aunque uno sea calvo). La única persona de "buen ver" del local era la recepcionista, una chica de veintipocos, muy mona y arregladita, pero muy amable y atenta también. Te estoy hablando de un restaurante de cierta categoría que se encuentra en una zona muy concurrida y más en verano con la llegada de turistas, por lo que tienen que cuidar mucho al personal que seleccionan. Y ya ves, los camareros eran un casi cuarentón (como yo) y un chaval calvito barbudo. Al jovencito guaperas del tupé que mencionas no lo ví por ningún lado. Puede que otros restaurantes de mucha más categoría (Botafumeiro, 7 portes, etc) se lo estuvieran disputando (al chaval del tupé) y alguno le hiciera un contrato millonario estilo Neymar para servir platos. Ahora reflexiona lo que has dicho y pregúntate, qué es lo que busca un restaurante serio y de categoría en sus camareros: ¿tupé o porfesionalidad? Si te acercas al Bar Zurich de Barcelona, justo en la Plaza Catalunya, la zona más céntrica de Barcelona, podrás constatar que ninguno de los camareros tiene menos de treinta años. Algunos pasan de los cuarenta y la última vez que estuve había uno que estaría en la cincuentena. Del chaval del tupé ni rastro.
CASO 2. Voy a una tienda de colchones situada en una calle muy concurrida y comercial de Barcelona. Necesito un colchón de matrimonio porque a pesar de ser soltero, soy un tío grande y me gusta dormir cómodo. Además doy muchas vueltas en la cama y necesito que sea amplia porque corro el riesgo de caerme. También por motivos prácticos, ya que de vez en cuando traigo compañía a casa y no es plan de dormir con una mujer en una cama individual. Entro en la tienda y se me acerca un tipo de cuarenta y pocos, gordito, (bueno, bastante gordo), con gafas y con menos pelo en la cabeza que el culo de un mandril. El tío empieza a hablar y se nota que tiene labia. De hecho, tanta labia que al final me convence y le compro un colchón, sin mirar otras tiendas (era la primera tienda de colchones que visitaba esa tarde). Del chavalín del tupé ni rastro.
CASO 3. Voy a la recepción de un hotel conocidísimo en Barcelona. El recepcionista, un tipo de unos treinta y pocos, calvo (rapado) y con gafas, me atiende con gran profesionalidad. De hecho, por un detalle que no puedo mencionar, me demuestra que es un tío íntegro y honrado. Del chaval del tupé ni rastro... Aunque quizá está en otro hotel. Pero hoteles de ese nivel en Barcelona hay pocos. Quien sabe, igual el chaval jovencito del tupé es el dueño del hotel y tiene un Ferrari en el parking y un harem de eslavas en la suite presidencial. Porque la vida es así, lo vemos en las películas, los guaperas jovencitos con tupé tienen que estar en lo más alto de la pirámide social, ¿sino para que son guaperas y tienen tupé? (modo ironía para quien no lo pille).
Y podría extenderme hasta el infinito.
Cuando acabes la carrera y vayas a pedir trabajo, te vas a dar de narices contra muchas paredes, tengas pelo o seas calvo. De hecho para según qué trabajos de cierta responsabilidad, inspirará más confianza un tío calvito con cara de rata de biblioteca que un chico con tupé y cara de cani. Yo tenía un amigo que era modelo y había posado para revistas muy conocidas (creo que aún lo sigue siendo) que logró entrar en uno de los más prestigiosos bufetes de abogados de Barcelona. Y no lo consiguió por ser guapete (que lo era y mucho), sino porque falseó el currículum. ¿Sabes cuánto duró? No recuerdo exactamente cuánto, pero sí recuerdo que cuando me dijo que lo habían echado pensé: "joder, menos que un caramelo en la puerta de un colegio".
La gente no es tonta y eso de la imagen es importante pero si no vales te dan una patada en el culo como a cualquier otro. Eso sí, para ligarte a carruseleras y canis los fines de semana en una discoteca "fashion", lo del tupé y ser jovencito y guapo sí que sirve. Para poco más.
“Amo Halloween. La única época del año en que todos usan mascaras, no sólo yo. La gente cree que es divertido fingir ser un monstruo. Yo paso mi vida fingiendo que no lo soy. Hermano, amigo, novio. Todos parte de mi colección de disfraces. Algunos podrán decir que soy un fraude. Yo prefiero pensar que soy un maestro del disfraz.” (DEXTER MORGAN)