- Lun Mar 11, 2019 5:33 pm
#701521
Hola a todos los lectores del foro.
Me animo a escribir mi experiencia de mi trasplante capilar en Ankara con el Dr. Keser porque a mí me hubiera gustado leer una opinión sincera y real como voy a tratar que sea esta. Tengo la impresión de que muchos usuarios de este foro tratan de contar su experiencia maquillando detalles, quizá para parecer que su elección ha sido la más acertada. Por mi parte trataré de reflejar los hechos con la mayor objetividad posible.
Pronto crearé otro hilo en la sección correspondiente con las fotografías de la operación y el seguimiento de la evolución.
Para empezar, tengo 31 años y un pequeño complejo por mis entradas, en general, lo que viene a ser la línea frontal. No tomo medicación, ni se me cae el pelo, simplemente tengo entradas por genética.
Hace 3 meses acompañé a un amigo a una clínica Low Cost de Estambul para trasplantarse 4000 UFS, así que ya llevaba una idea, pero mi experiencia ha sido distinta.
El primer contacto que tuve con Dermaplast (la clínica del Dr. Keser) fue en diciembre de 2018 a través del whatsapp que tienen en su web. Ya sé que no es medio más formal para comunicarte con una clínica, pero me sorprendió que cada mensaje que les escribía tardaban 24-48 horas en contestarme, cuando podría haber sido una conversación mucho más fluida. Por esta razón me transmitieron cierta falta de interés. Pues bien, envié fotos y me estimaron 1800 – 2000 UFS. Yo mismo me había autoevaluado 1500 UFS, pues no es una superficie amplia, pero no me preocupó el hecho de que calcularan más, si hubiera sido de menos sí me hubiera inquietado, pues si por algo voy hasta Ankara con Keser es por conseguir una buena densidad y un buen resultado natural. Finalmente cerramos fecha para marzo y les envío billetes de avión para confirmar la reserva.
Recuerdo que cuando estuve con mi amigo en Estambul, antes de la operación le hicieron una analítica de sangre para VIH y Hepatitis. En el caso del Dr. Keser, tienes que hacerte por tu propia cuenta esta analítica antes de ir, y enviar los resultados por correo electrónico y llevarlos en papel el día de la operación.
Para poder volar hasta Ankara, no hay la flexibilidad de vuelos que hay para volar a Estambul, por lo que tuve que coger dos vuelos para llegar a Ankara desde Alicante, y tres para hacer el trayecto inverso. En algunos casos con largas esperas en los aeropuertos en conexión.
Cuando llegué al aeropuerto de Ankara era martes por la noche tarde, el chófer de la clínica, un tal Hilmi, debía estar esperándome con un cartel con mi nombre en un punto de encuentro previamente acordado, para llevarme al hotel. Estuve puntual en el lugar concreto donde habíamos quedado, pero allí no había nadie. Después de 45 minutos esperando, y con cierta inquietud en el cuerpo, pues aquel pequeño aeropuerto empezaba a vaciarse y no había conseguido hacer funcionar mi móvil (no quería conectarse a ninguna red turca), tuve que pedir ayuda a un chico que estaba por allí. Él, muy amablemente, llamó al número del conductor que me habían proporcionado. Dijo que estaba de camino, y a los 10 minutos apareció por allí.
El precio de las operaciones con el doctor Keser únicamente incluyen traslados entre aeropuerto y hotel y la misma operación. El hotel no está incluido, pero ellos te dicen donde debes alojarte. Después de haber estado en Estambul en un hotel de lujo acompañando a mi amigo, este me pareció de lo más normal. No sé qué criterios existirán para otorgar estrellas a los hoteles, y como cambian en función del país, pero estoy convencido de que este hotel no tendría más de 2 estrellas en España, frente a las 4 con las que cuenta allí. Las habitaciones son lúgubres, aunque lo que menos me gustó fue la actitud de la gente que trabaja allí. De cualquier forma, este no había sido un viaje de placer, por lo que me importaba bien poco como fuera el hotel. Sí es cierto que no fue caro, treinta y pico euros la noche, con desayuno incluido.
Al día siguiente a primera hora, sin haber tenido oportunidad de dormir mucho, vino a recogerme Aykil, un chico joven y de conversación agradable, con un nivel de español aceptable, y que haría de intérprete en los días que durara la intervención.
Anduvimos desde el hotel hasta la clínica, unos 300 metros. A diferencia del megalujoso hospital donde mi amigo se operó por cuatro veces menos dinero que yo, el Dr. Keser trabaja en un humilde segundo piso, de un edificio donde también hay otras consultas médicas. Desde la calle se publicita como “Cirujano plástico y estético”. Por dentro la clínica es algo cutre, decoración austera y ningún atisbo de ostentación. Según mi parecer, aquellas salas debían estar igual desde hace años, y pedían a gritos una remodelación. Nos recibieron con una agradable sonrisa la enfermera y la auxiliar del Dr. Keser. Ciertamente se intuía que eran chicas muy simpáticas, pero la barrera del idioma hacía casi imposible cualquier tipo de cordialidad entre nosotros.

Estuve en la sala de espera ojeando un ejemplar de la revista Hola, aunque no soy muy asiduo a este tipo de prensa, me pareció curioso encontrarla allí, hasta que a los pocos minutos hizo acto de presencia el Doctor Keser. Me dio la mano, al tiempo que me observaba el pelo, sin haberme mirado siquiera a la cara previamente. El Doctor Keser es un hombre serio, de pocas palabras, y trasmitía ser arrogante y con poco carisma.
Unos días antes de llegar a Turquía le transmití a Aykil mi preocupación por dejar en el hotel los miles de euros que me iba a costar la operación, pues el doctor te cobra el último día, en función de los folículos finalmente implantados. Él me comentó la posibilidad de depositarle todo el dinero al Dr. Keser el primer día, y el último se calculaba el precio y se me devolvía lo que correspondiera. Me pareció bien y eso fue lo primero que hicimos, el doctor me entregó un recibí manuscrito con el importe entregado (7.000€).
Por cierto, el trasplante se dividió en 3 días más un cuarto día para retirar vendajes, hacer revisión, entregar tratamientos, hacer el ajuste del pago, etc.
El primer día se hizo el diseño. En primer lugar, me raparon las chicas. Seguidamente, el doctor me pidió que trazara yo mismo la línea que me gustaría tener frontalmente, pero yo tenía miedo de equivocarme y hacer algo que luego quedara mal, me puse nervioso y acabó dibujándola él. Yo lo preferí así, había llegado hasta allí porque tenía plena confianza en este doctor, y la seguridad de que iba a hacer un buen trabajo. Después pasamos a la sala donde se haría la extracción y el implante durante los tres días. Aproximadamente tardaban una hora en hacer la extracción, después hacíamos un descanso de 15 o 20 minutos, y después el injerto duraría un par de horas.
Del proceso de la operación encontré dos aspectos negativos, uno menor, que era la incomodidad de tener que estar tanto tiempo en una misma postura, las extremidades se te dormían y dolían, y aun así no podías moverte. Mucho más traumático fue para mí el tema de la anestesia. Recuerdo que mi amigo que se operó en Estambul me explicó que la anestesia se la aplicaban mediante unos pinchazos con unos cartuchos de aire comprimido o algo así, y que el dolor era perfectamente llevadero. En mi caso, la anestesia se aplicaba mediante una jeringuilla de toda la vida con una gran aguja. El dolor que sentía es indescriptible, me hacía retorcerme y las lágrimas me saltaban de los ojos. Muy sinceramente, creo que pocas veces en mi vida he experimentado un dolor tan terrible, y no me considero una persona con especial sensibilidad al dolor físico. La anestesia se aplica tanto en la zona donante como en la receptora, antes de la extracción y el injerto, respectivamente.
Sobre las 13 horas acabábamos cada día, excepto el tercer día que se alargó algo más porque fueron algunos folículos más hasta llegar a los 1850 folículos implantados. Tengo la imagen de estar tumbado en la camilla el último día de intervención, estar el doctor implantando y verle como se retira para coger el móvil, pregunté si ya habíamos acabado, y efectivamente había concluido. Vi como el doctor estaba multiplicando en su iPhone 1850 por 3,5… ¿¿en serio?? ¿Todavía ni has soltado el bisturí y estás calculando eso? Ahora me parece hasta gracioso, pero en ese momento no daba crédito y en una situación convaleciente como estaba, no me hizo sentir bien.
Cuando acabamos el tercer día, entramos en su despacho donde el primer día había hecho el depósito, para hacerme la entrega de lo que me sobraba. Me tenía que devolver 525€ pero solo había billetes de 50€, así que me dio 550€ y me dijo que tenía que darle 25€. Suerte que llevaba ese dinero en la mochila.
El último día quedamos a las 11 de la mañana, pero el doctor no apareció. Entonces entendí porque el día anterior ya me había devuelto lo que me sobraba. Tampoco vino Aykil, el intérprete, pero con él sí contaban. Estuvieron llamándole, pero no daba señales de vida. Así que tuvieron que llamar a una chica que sabía algo de español, y con el altavoz puesto, hizo de traductora entre las enfermeras y yo. Ellas se ocuparon de quitarme el vendaje, lavarme, aplicarme la pomada y darme los consejos para estos días. También me hicieron las últimas fotos. La verdad es que fueron muy amables, pero me sorprendió que no viniera el doctor. Quizá le debería haber pagado ese último día. En cuanto a Aykil me llamó un par de horas después con una innegable voz de resaca. Me dijo que nunca le había pasado y que lo sentía mucho, le dije que no se preocupara, se había portado bien conmigo esos tres días y no le tuve en cuenta que no viniera el último.
En definitiva, concluyo afirmando que he ido hasta esta clínica después de estudiar muchos casos de este doctor, en este foro y en otros de fuera de España. Tenía claro que quería hacerme este retoque, pero sabía que no me la quería jugar con mi imagen haciéndome el trasplante en una low-cost, ni quería apuntarme en una interminable lista de espera de un ‘top’ español. Según los testimonios y los casos publicados del Doctor Keser, se ha ganado la fama de ser uno de los mejores profesionales en su especialidad (líneas frontales) en Turquía, incluso a nivel mundial. No me arrepiento de haber ido tan lejos a hacer esta operación, ni me importa la poca atención con la que he sido atendido, ni haberme alojado en ese mísero hotel, ni que la clínica fuera cochambrosa, tampoco que el Doctor fuera arrogante y frío, ni haber agonizado con las inyecciones de anestesia. Nada de esto importa porque a lo que yo fui es a obtener el mejor resultado, que me va a durar para siempre. El resto de aspectos, ninguno será indeleble en mi memoria.

Me animo a escribir mi experiencia de mi trasplante capilar en Ankara con el Dr. Keser porque a mí me hubiera gustado leer una opinión sincera y real como voy a tratar que sea esta. Tengo la impresión de que muchos usuarios de este foro tratan de contar su experiencia maquillando detalles, quizá para parecer que su elección ha sido la más acertada. Por mi parte trataré de reflejar los hechos con la mayor objetividad posible.
Pronto crearé otro hilo en la sección correspondiente con las fotografías de la operación y el seguimiento de la evolución.
Para empezar, tengo 31 años y un pequeño complejo por mis entradas, en general, lo que viene a ser la línea frontal. No tomo medicación, ni se me cae el pelo, simplemente tengo entradas por genética.
Hace 3 meses acompañé a un amigo a una clínica Low Cost de Estambul para trasplantarse 4000 UFS, así que ya llevaba una idea, pero mi experiencia ha sido distinta.
El primer contacto que tuve con Dermaplast (la clínica del Dr. Keser) fue en diciembre de 2018 a través del whatsapp que tienen en su web. Ya sé que no es medio más formal para comunicarte con una clínica, pero me sorprendió que cada mensaje que les escribía tardaban 24-48 horas en contestarme, cuando podría haber sido una conversación mucho más fluida. Por esta razón me transmitieron cierta falta de interés. Pues bien, envié fotos y me estimaron 1800 – 2000 UFS. Yo mismo me había autoevaluado 1500 UFS, pues no es una superficie amplia, pero no me preocupó el hecho de que calcularan más, si hubiera sido de menos sí me hubiera inquietado, pues si por algo voy hasta Ankara con Keser es por conseguir una buena densidad y un buen resultado natural. Finalmente cerramos fecha para marzo y les envío billetes de avión para confirmar la reserva.
Recuerdo que cuando estuve con mi amigo en Estambul, antes de la operación le hicieron una analítica de sangre para VIH y Hepatitis. En el caso del Dr. Keser, tienes que hacerte por tu propia cuenta esta analítica antes de ir, y enviar los resultados por correo electrónico y llevarlos en papel el día de la operación.
Para poder volar hasta Ankara, no hay la flexibilidad de vuelos que hay para volar a Estambul, por lo que tuve que coger dos vuelos para llegar a Ankara desde Alicante, y tres para hacer el trayecto inverso. En algunos casos con largas esperas en los aeropuertos en conexión.
Cuando llegué al aeropuerto de Ankara era martes por la noche tarde, el chófer de la clínica, un tal Hilmi, debía estar esperándome con un cartel con mi nombre en un punto de encuentro previamente acordado, para llevarme al hotel. Estuve puntual en el lugar concreto donde habíamos quedado, pero allí no había nadie. Después de 45 minutos esperando, y con cierta inquietud en el cuerpo, pues aquel pequeño aeropuerto empezaba a vaciarse y no había conseguido hacer funcionar mi móvil (no quería conectarse a ninguna red turca), tuve que pedir ayuda a un chico que estaba por allí. Él, muy amablemente, llamó al número del conductor que me habían proporcionado. Dijo que estaba de camino, y a los 10 minutos apareció por allí.
El precio de las operaciones con el doctor Keser únicamente incluyen traslados entre aeropuerto y hotel y la misma operación. El hotel no está incluido, pero ellos te dicen donde debes alojarte. Después de haber estado en Estambul en un hotel de lujo acompañando a mi amigo, este me pareció de lo más normal. No sé qué criterios existirán para otorgar estrellas a los hoteles, y como cambian en función del país, pero estoy convencido de que este hotel no tendría más de 2 estrellas en España, frente a las 4 con las que cuenta allí. Las habitaciones son lúgubres, aunque lo que menos me gustó fue la actitud de la gente que trabaja allí. De cualquier forma, este no había sido un viaje de placer, por lo que me importaba bien poco como fuera el hotel. Sí es cierto que no fue caro, treinta y pico euros la noche, con desayuno incluido.
Al día siguiente a primera hora, sin haber tenido oportunidad de dormir mucho, vino a recogerme Aykil, un chico joven y de conversación agradable, con un nivel de español aceptable, y que haría de intérprete en los días que durara la intervención.
Anduvimos desde el hotel hasta la clínica, unos 300 metros. A diferencia del megalujoso hospital donde mi amigo se operó por cuatro veces menos dinero que yo, el Dr. Keser trabaja en un humilde segundo piso, de un edificio donde también hay otras consultas médicas. Desde la calle se publicita como “Cirujano plástico y estético”. Por dentro la clínica es algo cutre, decoración austera y ningún atisbo de ostentación. Según mi parecer, aquellas salas debían estar igual desde hace años, y pedían a gritos una remodelación. Nos recibieron con una agradable sonrisa la enfermera y la auxiliar del Dr. Keser. Ciertamente se intuía que eran chicas muy simpáticas, pero la barrera del idioma hacía casi imposible cualquier tipo de cordialidad entre nosotros.

Estuve en la sala de espera ojeando un ejemplar de la revista Hola, aunque no soy muy asiduo a este tipo de prensa, me pareció curioso encontrarla allí, hasta que a los pocos minutos hizo acto de presencia el Doctor Keser. Me dio la mano, al tiempo que me observaba el pelo, sin haberme mirado siquiera a la cara previamente. El Doctor Keser es un hombre serio, de pocas palabras, y trasmitía ser arrogante y con poco carisma.
Unos días antes de llegar a Turquía le transmití a Aykil mi preocupación por dejar en el hotel los miles de euros que me iba a costar la operación, pues el doctor te cobra el último día, en función de los folículos finalmente implantados. Él me comentó la posibilidad de depositarle todo el dinero al Dr. Keser el primer día, y el último se calculaba el precio y se me devolvía lo que correspondiera. Me pareció bien y eso fue lo primero que hicimos, el doctor me entregó un recibí manuscrito con el importe entregado (7.000€).
Por cierto, el trasplante se dividió en 3 días más un cuarto día para retirar vendajes, hacer revisión, entregar tratamientos, hacer el ajuste del pago, etc.
El primer día se hizo el diseño. En primer lugar, me raparon las chicas. Seguidamente, el doctor me pidió que trazara yo mismo la línea que me gustaría tener frontalmente, pero yo tenía miedo de equivocarme y hacer algo que luego quedara mal, me puse nervioso y acabó dibujándola él. Yo lo preferí así, había llegado hasta allí porque tenía plena confianza en este doctor, y la seguridad de que iba a hacer un buen trabajo. Después pasamos a la sala donde se haría la extracción y el implante durante los tres días. Aproximadamente tardaban una hora en hacer la extracción, después hacíamos un descanso de 15 o 20 minutos, y después el injerto duraría un par de horas.
Del proceso de la operación encontré dos aspectos negativos, uno menor, que era la incomodidad de tener que estar tanto tiempo en una misma postura, las extremidades se te dormían y dolían, y aun así no podías moverte. Mucho más traumático fue para mí el tema de la anestesia. Recuerdo que mi amigo que se operó en Estambul me explicó que la anestesia se la aplicaban mediante unos pinchazos con unos cartuchos de aire comprimido o algo así, y que el dolor era perfectamente llevadero. En mi caso, la anestesia se aplicaba mediante una jeringuilla de toda la vida con una gran aguja. El dolor que sentía es indescriptible, me hacía retorcerme y las lágrimas me saltaban de los ojos. Muy sinceramente, creo que pocas veces en mi vida he experimentado un dolor tan terrible, y no me considero una persona con especial sensibilidad al dolor físico. La anestesia se aplica tanto en la zona donante como en la receptora, antes de la extracción y el injerto, respectivamente.
Sobre las 13 horas acabábamos cada día, excepto el tercer día que se alargó algo más porque fueron algunos folículos más hasta llegar a los 1850 folículos implantados. Tengo la imagen de estar tumbado en la camilla el último día de intervención, estar el doctor implantando y verle como se retira para coger el móvil, pregunté si ya habíamos acabado, y efectivamente había concluido. Vi como el doctor estaba multiplicando en su iPhone 1850 por 3,5… ¿¿en serio?? ¿Todavía ni has soltado el bisturí y estás calculando eso? Ahora me parece hasta gracioso, pero en ese momento no daba crédito y en una situación convaleciente como estaba, no me hizo sentir bien.
Cuando acabamos el tercer día, entramos en su despacho donde el primer día había hecho el depósito, para hacerme la entrega de lo que me sobraba. Me tenía que devolver 525€ pero solo había billetes de 50€, así que me dio 550€ y me dijo que tenía que darle 25€. Suerte que llevaba ese dinero en la mochila.
El último día quedamos a las 11 de la mañana, pero el doctor no apareció. Entonces entendí porque el día anterior ya me había devuelto lo que me sobraba. Tampoco vino Aykil, el intérprete, pero con él sí contaban. Estuvieron llamándole, pero no daba señales de vida. Así que tuvieron que llamar a una chica que sabía algo de español, y con el altavoz puesto, hizo de traductora entre las enfermeras y yo. Ellas se ocuparon de quitarme el vendaje, lavarme, aplicarme la pomada y darme los consejos para estos días. También me hicieron las últimas fotos. La verdad es que fueron muy amables, pero me sorprendió que no viniera el doctor. Quizá le debería haber pagado ese último día. En cuanto a Aykil me llamó un par de horas después con una innegable voz de resaca. Me dijo que nunca le había pasado y que lo sentía mucho, le dije que no se preocupara, se había portado bien conmigo esos tres días y no le tuve en cuenta que no viniera el último.
En definitiva, concluyo afirmando que he ido hasta esta clínica después de estudiar muchos casos de este doctor, en este foro y en otros de fuera de España. Tenía claro que quería hacerme este retoque, pero sabía que no me la quería jugar con mi imagen haciéndome el trasplante en una low-cost, ni quería apuntarme en una interminable lista de espera de un ‘top’ español. Según los testimonios y los casos publicados del Doctor Keser, se ha ganado la fama de ser uno de los mejores profesionales en su especialidad (líneas frontales) en Turquía, incluso a nivel mundial. No me arrepiento de haber ido tan lejos a hacer esta operación, ni me importa la poca atención con la que he sido atendido, ni haberme alojado en ese mísero hotel, ni que la clínica fuera cochambrosa, tampoco que el Doctor fuera arrogante y frío, ni haber agonizado con las inyecciones de anestesia. Nada de esto importa porque a lo que yo fui es a obtener el mejor resultado, que me va a durar para siempre. El resto de aspectos, ninguno será indeleble en mi memoria.

